Viernes 28 de octubre de 2011
LAS GRÁFICAS RECUPERADAS APUESTAN A LA SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES
Impreso en cooperativa
Ante la suspensión de la entrada de libros desde el exterior, la industria gráfica nacional prepara un informe para demostrar que en los talleres argentinos de empresas recuperadas y pymes pueden producirse los ejemplares que hoy se importan.
(Ansol).- “Tenemos todo lo que necesitamos para imprimir todos los tipos de libros que existen en el mercado”, le aseguró a Ansol Eduardo Amorín, asesor comercial de la Red Gráfica, que reúne a 21 cooperativas del rubro, y que junto a la Federación Gráfica Bonaerense está trabajando en la confección de un informe sobre las capacidades productivas del sector para presentarlo ante la Secretaría de Comercio. El objetivo es demostrar que están en condiciones de atender la demanda que se podría generar en el corto plazo en el mercado interno si continúa el freno a las importaciones de libros que comenzó en septiembre y que mantiene más de un millón de ejemplares en la Aduana.

Junto al informe sobre sus capacidades de producción, las cooperativas presentarán un proyecto financiero para que la compra y el acopio de papel no se conviertan en un cuello de botella. Es que al no tener la propiedad del inmueble donde trabajan, las cooperativas no pueden recibir crédito y carecen de la capacidad financiera para comprar materia prima.

Aunque desde la Federación Gráfica prefieren no arriesgar números definitivos sobre la cantidad de libros que pueden producir en el país entre las cooperativas y las pymes, el secretario general Héctor Amichetti asegura que “dentro del todo el sector de la industria gráfica tenemos capacidad para cubrir esos 60 millones de libros que hoy se importan e incluso para exportar”. En esta misión, Amichetti identifica al sector cooperativo como fundamental, “porque está consustanciado con un  proceso de reactivación productiva, porque han partido de cero, con dificultades para obtener apoyo crediticio, y aún así han sido reactivadas y están funcionando. Estamos convencidos que pueden acompañar en caso de asegurarse ese mercado tan grande de libros que hoy se están haciendo en el exterior”.

La Ley de Fomento del Libro y la Lectura, que se sancionó en 2001, establece que la exportación e importación de libros está exenta de todo impuesto o gravamen, al igual que la producción nacional y la comercialización. Pero no pasa lo mismo con los materiales que se necesitan para hacer de la idea de un libro un ejemplar como los que se encuentran en las librerías. Ni la tinta, ni el caucho, ni el papel están exentos, entonces la industria gráfica nacional no está en igualdad de condiciones para competir.

El impacto del freno a las importaciones es doble: por un lado busca equilibrar la balanza comercial y por otro incentiva la producción nacional del material editorial que hoy llega desde otros países. Son especialmente las grandes editoriales que pertenecen a grupos económicos extranjeros las que mandan a imprimir los libros de edición nacional al exterior. No es el caso de Jorge Gurbanov ni de Continente, la editorial que él dirige  y que junto con Peña Lillo viene trabajando desde 2001 con las empresas gráficas recuperadas para integrar los procesos de producción. Fueron estas dos pequeñas empresas las que en 2002 dieron su primer trabajo a los obreros de Chilavert cuando estaban en plena ocupación del taller. Después de diez años de trabajo articulado, Gurbanov destaca que las cooperativas “tienen precio, calidad y cumplimiento”.